Felices, pero rebozadas en tierra.
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martes, 25 de agosto de 2015
¡Peinando piedras al fin!!
Hace unos días hablaba de que había ido a un Campo de Trabajo, concretamente, de la modalidad de Arqueología; y nada, resulta que era la primera vez que excavaba.
A ver, esto no es así del todo, es decir, en las prácticas de la universidad sí que te llevan por ahí de paseo a ver excavaciones (bueno, que narices, no te lleva nadie, tienes que llegar tú), pero vamos, que íbamos a recibir unas explicaciones (¡ah! y una vez nos hicieron una práctica de dibujo arqueológico, que no se en qué modalidad encuadrarlo) y amén, te das con un canto en los dientes. Vamos, que de lejos, yo he tenido más prácticas de laboratorio que de campo, aunque es cierto que una vez (en Torre de Llauder) nos dejaron rascar un poco con los paletines, pero poco más.
lunes, 8 de junio de 2015
La decisión de Ana Acción Veiga
¿Qué hacer cuando no sabes qué hacer? Ésta podría ser la pregunta de mi vida... o quizá con ¿qué hacer? me basto. Como buena gallega, soy indecisa hasta el punto de depender del depende... además soy extremadamente vaga, nunca he encontrado nada que me guste como para hacerlo en cualquier momento, nada que si tienes que hacerlo, lo hagas porque te apetece; claro está que tampoco lo he buscado.
Así llegué a bachillerato, sin saber qué era eso que me gustaría ser para, por lo menos, la mayor parte de mi vida. Mejor dicho, creyendo que mi deseo era estudiar matemáticas, porque se me daban bien y eran entretenidas (al menos para mí), y terminar dando clase a adolescentes intentando que no las odiaran. A pesar de no estar muy segura de ello, lo elegí como futuro, aún pensando en la posibilidad de que me gustaran, al igual que otras materias (no sólo de ciencias), más por los profesores que por la temática y temiendo cometer un error fatal al escoger ciencias y no letras, olvidándome de mixtas y del bachillerato artístico por razones no del todo desconocidas pero tampoco muy claras...
Terminé en el bachillerato de ciencias puras, lo cual... no acabó bien. Los problemas se fueron sumando hasta que "acabaron" conmigo. Para empezar, he odiado, desde que entendí el concepto, el sistema de educación, nunca entendí su porqué, ni tampoco porqué quería entrar en él, lo de ser profesora bajo ese sistema no me apetecía... entonces, ¿qué iba a hacer con mi carrera de matemáticas? No pertenezco al grupo de estudiantes a los que no les importa estudia o, incluso, les gusta, así que trabajar de matemática, teniendo que seguir estudiando mientras viva de ello, tampoco me tenía muy buena pinta. Empezaba en primero a dudar de mi destino y este murió con la llegada de una sustituta de mi profesor de matemáticas ese mismo año.
Sin destino, intenté buscar otros y me empezó a interesar arquitectura, era la carrera de mi tío, tenía dibujo técnico, algo que también me gustaba y parecía la única carrera válida para mis gustos. Pero bachillerato seguía mientras yo no tenía un destino y he de recordar a quien lea esto que soy vaga, muy vaga. El bachillerato no es ninguna tontería, hay que estudiar, hacer deberes, y en general, trabajar; y para mí, queda mal que lo diga, era algo nuevo, había trabajado y estudiado antes, pero nunca con verdadero esfuerzo y la pereza, vieja amiga, siempre me ganaba cuando lo intentaba. Esto empezó a dañarme mentalmente, quería hacer, pero a la vez no quería, pudiera o no.
¿Cómo puede uno despertarse en Galicia y acostarse en Cataluña?
Bueno, escribo ya mirando bastante hacia atrás...
Un día de septiembre ya del año pasado me desperté de buena mañana y tuve que empaquetar todo lo que fuese importante y cupiese en el maletero de un toyota (que no sé cuantos modelos habrá, pero doy fe que el que tenemos en mi casa tampoco es que sea muy grande) y así empezó mi viaje a Barcelona para empezar una etapa nueva...
A ver, es verdad que no nos fuimos de buenas a primeras, eso es bastante peliculero...
En realidad todo empezó una vez terminada la Selectividad (que en mi caso, fueron las de 2014), mi idea desde pequeña era hacer medicina o biología, pero ¡sorpresa! La vida no siempre va como tú quieres que vaya, y puede que aunque en el instituto y en bachillerato se te de muy bien la biología puede que las matemáticas y la física sean tu cruz.
Bien, como se puede suponer, mi caso era éste, y aún teniendo que pelearme con los números siempre cursé la opción de estudios que me dejase abierta la puerta a mi idea original (vamos, que por intentarlo no sería; aunque hay quien dice que fue más bien por tozuda). al final, de donde no hay no se puede sacar (al menos en mi caso, porque soy bastante obtusa con las matemáticas) y después de una época un poco... turbulenta, con muchos muchos números (cuando digo muchos, es todos los días de la semana al menos una o dos horas de matemáticas, química o física, que aumentaban de manera inversamente proporcional al tiempo que me quedase antes del siguiente examen) y mucho sufrimiento. En mi caso, absurdo porque siendo realistas, yo no iba a ser una de esas excepciones que inspiran películas donde todo sale bien justo antes de los créditos; al final la cosa quedó en una decisión de última hora: No iba a presentar matemáticas ni química (en segundo de bachillerato ya me había librado de física) a Selectividad.
La cosa fue bien (incluso me atreví a presentarme a alguna asignatura que no había cursado en bachillerato) y sólo quedaba saber qué hacer con mi vida.
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